No sé a ustedes, pero a mí si algo me da una flojera espectacular es organizar la cocina. Como buena estudiante que básicamente se mantiene sola, tengo muchísimas actividades fuera de casa, bueno, fuera del depa que comparto con mi hermano. De todas las áreas de nuestro pequeño hogar, la que nos representa mayor dificultad de organizar es la cocina, lo confieso. Y creo que no soy la única.
De hecho por eso es que muchas solteras preferimos comer fuera; prepararnos alimentos no sólo nos implica tiempo y esfuerzo (aunque gastemos menos) sino que nos deprime. No es drama; lo que ocurre es que, por lo menos en mi caso, sentía que debía tener muchos conocimientos juntos para poder hacer una comida rica. Ya aprendí que las cosas no necesariamente tiene que ser así de azotadas.
Preguntando aquí y allá, no sólo a mi mamá, he venido aprendiendo tips y trucos que me han ayudado a ahorrar y a no desesperarme cuando tengo mucha hambre y me dan ganas de salir corriendo a comprarme una torta de la esquina (que, por cierto, las hacen bastante feítas). Mi hermano está poco en casa, así que a él no lo cuento. Generalmente él sacude, aspira, trapea y plancha la ropa cada semana. Yo hago las tareas restantes.
En dos años de “independencia” he aprendido muchas posibilidades de la cocina. Comienzo por los aceites porque los ocupo mucho y tienen características distintas. El de cacahuate, por resistir bien las altas temperaturas es adecuado para frituras y guisos. Por ser de gusto neutro también puedes utilizarlo para ensaladas e incluso en repostería puede sustituir a la mantequilla.
El aceite de girasol resiste menos el calor. Es más barato que el anterior y se puede utilizar también para ensaladas y guisos sencillos. El de maíz soporta bien el calor y también sirve para preparar frituras y cosas sencillas. El aceite de soya, en cambio, no debe calentarse y sólo se debe utilizar para ensaladas. Los aceites de almendra, nuez o avellana son poco corrientes y muy caros. Si te interesa conocerlos sólo compra pequeñas cantidades porque se enrancian fácilmente; ponle a alguna ensalada y sabrá exquisita. El aceite de oliva es, quizá, el rey de los aceites; es caro pero resiste bien el calor y es adecuado para todo.
¿Te gustan los aceites aromáticos? Bueno, si quieres prepararlos tú misma, llena una botella de cristal con las hierbas que quieras y luego rellénala con aceite de girasol. Cubre la botella con una muselina y ponla en una ventana soleada. Déjala ahí durante un par de semanas, agitándola una vez al día. Transcurrido este tiempo puedes filtrar el aceite y llenar con él botellas más manejables.
Si tienes en casa aceites de los que no se usan a diario (de nuez, de almendra, etc), guárdalos en la puerta de la nevera. ¡Ah! El aceite de pepitas de uva resulta ideal para la confección de mayonesas. Suena rarísimo, verdad, pero existe.
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El rallador se lava más fácilmente si antes de emplearlo lo untas con un poco de aceite.
Un terrón de azúcar echado a la botella del aceite impide que se enrancie.
Para que la masa no se pegue al rodillo cuando la estires, engrasa éste con aceite un rato antes de usarlo, o bien cúbrelo de harina.
El salmón ahumado se conserva bien untándolo con un poco de aceite.
Las hierbas desarrollan mejor su aroma si, finamente picadas, las trituras en el mortero junto con unas gotas de aceite.
Una solución de aceite y unas gotas de alcohol de quemar, pasada por tus cacerolas de aluminio las dejará relucientes.
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Si una receta te pide que utilices el bañomaría, ten en cuenta lo siguiente:
Para rebajar el exceso de temperatura de un bañomaría, échale un cubito de hielo al agua.
Para evitar que el agua salpique la preparación, protege el molde con una pared alta de papel de aluminio.
Puedes sustituir una cocción al bañomaría por el microondas. Cuenta entonces cuatro minutos a máxima potencia.
El bañomaría es el sistema ideal para mantener las salsas calientes cuando tienen que esperar.
Para acelerar la descongelación de un pescado sin que pierda sus características nutrientes y de sabor, envuélvelo en una servilleta blanca empapada en una mezcla de agua y vinagre. No descongeles en el microondas alimentos a medio descongelar, pues las zonas descongeladas empezarían a cocerse. Los productos a descongelar deben proceder directamente del congelador.
Son muchos los platos preparados o los alimentos congelados que pueden prepararse sin necesidad de que sufran una descongelación previa.
cocción en agua: adecuada para pescados y crustáceos, maíz, coliflor, etc.
cocción sin agua o con muy poca: graduando el fuego muy bajo; es un método ideal para las espinacas, purés, etc.
cocción al vapor: aplicada fundamentalmente para pescado en filetes y verduras como zanahorias, calabazas, alcachofas, etc.
salteado en sartén: bueno para papas a la francesa, champiñones, hamburguesas y pequeñas piezas de carne.
cocción al horno: es forzosa en el caso de comida preparada a base de pasta brisa o similar, así como para los gratinados.
Estarás de acuerdo en que una comida fácil y muy nutritiva es el filete de pescado, ¿no? Bueno, aquí te van consejos para que sepan ricos y no pierdan propiedades:
Los filetes se conservan frescos si mientras aguardan turno para su preparación los mantienes en un recipiente con agua fresca. Cuando frías un filete de pescado, fríe primero el lado de la carne, no el de la piel. De esta manera evitarás que el pescado se encoja. Si antes de cocinarlo pones el pescado a marinar en un poco de leche, su carne te resultará más sabrosa y aguantará mejor la cocción.
Finalmente algo que aprendí en un programa de Discovery: el agua de descongelación de tu nevera, una vez a temperatura ambiente es buena para regar. Como está desmineralizada puedes guardarla para llenar el depósito de tu plancha de vapor.
Si tienes tips que quieras compartir, anótalos abajo. ¡Una nunca a quien le podrán ser útiles!
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El rallador se lava más fácilmente si antes de emplearlo lo untas con un poco de aceite.