El niño está listo para dejar los pañales y usar el orinal aproximadamente entre el año y medio y los dos años, porque en ese momento sus músculos se han desarrollado bien y eso le permite contenerse y sostenerse bien al momento de sentarse para hacer sus necesidades. Además, los progresos en su comunicación le permitirán hacer entender a los padres su deseo de ir al baño. No es una fecha fija, sin embargo, y si el niño todavía tiene muchas dificultades para desplazarse al año y medio - que es bastante frecuente - no le obligue a empezar un nuevo esfuerzo todavía. En poco tiempo estará mejor capacitado para iniciar este desafío.
Apenas se mueve por el mundo con algo de soltura comienza el aprendizaje del hábito de usar el orinal en lugar de los pañales y, como todo trabajo, requiere esfuerzo y, posiblemente, tenga avances y retrocesos. El objetivo es que el niño se dé cuenta de que tiene la necesidad de evacuar la vejiga o el intestino y que sea capaz de aguardar para satisfacer esa exigencia en el lugar adecuado. En general, el control de esfínteres se produce hacia los dos años de edad y el de la micción diurna entre los dos y dos años y medio. Lo más difícil de controlar es la orina nocturna, cosa que el niño logra aproximadamente a los tres años, aunque esto también es variable.
El comienzo del proceso
Si el niño entiende, usted puede plantearle con palabras sencillas, que ahora comenzará a ir al orinal a hacer sus necesidades. Si no entiende, entonces puede quitarle el pañal y llevarle a sentarse un ratito, por ejemplo, después de cada comida.
Algunas pautas a considerar para optimizar y acelerar el proceso de aprendizaje son los siguientes:
- Sea afectuosa/o y persuasiva/o y ayude a su hijo a controlar sus esfínteres sin que tenga la impresión de que le fuerzan a hacerlo.
- El orinal no debe estar frío: esto provoca el rechazo del niño.
- Alabe todo avance de su parte al respecto.
- Cuando esté limpio, háblele de lo agradable y cómodo que es estarlo.
- Ponga al niño en el orinal a horas regulares para crearle una rutina. Las rutinas siempre facilitan la adquisición de hábitos.
- Cuando esté instalado, no intervenga. Si ve que usted está controlando y espera un resultado, lo más probable es que esto sea contraproducente.
- En cuanto el niño orine o defeque, sáquelo del orinal para que comprenda mejor por qué lo pone en él y felicite su logro. Si a los cinco minutos no ha evacuado, no insista y retírelo igualmente.
- Quítele poco a poco sus pañales y reemplácelos por una ropa interior no absorbente. Esto le hará más consciente de que se ha mojado.
El mejor orinal
Lo ideal sería que el bacín fuese lo suficientemente sólido para frustrar cualquier intento de volcarlo, y lo suficientemente confortable para acomodar al niño durante un buen rato, sin causarle magulladuras o calambres.
Busque un orinal de contorno grueso y una base amplia. Los cóncavos en la parte delantera resultan excelentes si el bebé es varón. Los niños son mucho menos pulcros y atinados para orinar que las niñas.
No confunda el artículo con un bacín que tenga forma de pato, perro o platillo volador. No permita que un juguete haga las funciones de un orinal. El entrenamiento para ir al baño debe ser eso y no un juego.
Avisar para ir al baño
Con los niños funciona lo más sencillo. Por esto, cuando el niño ya haya adquirido alguna regularidad en usar su orinal, hágale indicarle que lo necesita con una palabra muy sencilla, como “bacín” o cualquier otra, muy simple, que signifique que desea utilizarlo.
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